No lo podía evitar. Para Juan, el poeta, la inspiración llegaba como un retortijón que bajaba del corazón al estómago. La pena es que era difícil distinguir cuándo tenía en sus entrañas una obra maestra o un auténtico pedo.
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miércoles, 18 de noviembre de 2009
Retortijón
No lo podía evitar. Para Juan, el poeta, la inspiración llegaba como un retortijón que bajaba del corazón al estómago. La pena es que era difícil distinguir cuándo tenía en sus entrañas una obra maestra o un auténtico pedo.
lunes, 15 de diciembre de 2008
La presa
Comienza la noche y se abre la veda. Por toda la ciudad, miles de almas inquietas salen a buscar a su presa bajo la luz de la luna. Corren por las calles, llevando en sus manos bolígrafos, portátiles, pinceles, cámaras, todas sus armas. Parecen correr de manera desesperada, pero se puede sentir una cierta organización en sus movimientos: más de un cazador experto intuye dónde es posible dar caza a la cálida criatura; quizá junto a una parada de autobús, quizá en la mesa del fondo de una cafetería. Todos avanzan a empellones contra el resto de cazadores, necesitan esta presa. Uno de los cazadores cae en el húmedo asfalto, dando ruidosamente con sus huesos en el suelo; más allá otro se da por vencido, resuella apoyado en una farola. En cambio, a lo lejos, otro parece infatigable: mira al horizonte, ya siente su llegada y espera paciente. Y de pronto, ¡pam! Un ruido seco. Todos se quedan quietos, saben que esta noche uno de ellos ha vencido: ha alcanzado a la presa. Ella, herida, cae, gruñe, se abate, se retuerce sobre un charco de sangre plateado y finalmente sonríe cuando el cazador se agacha a recogerla entre sus brazos. Esta noche él se la ha llevado a casa: es su trofeo. Y ella, la Inspiración, le susurrará sus secretos antes de morir, antes de volver a vivir para ser cazada.
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