
Érase una vez una escritora con una gran creatividad y un envidiable ímpetu para comenzar proyectos, pero muy poca constancia para terminarlos.
Con mucha entrega, y la máxima disciplina de la que fue capaz, al final de su vida logró escribir 150 títulos maravillosos.
150 títulos sin índice, prefacio, ni capítulos; ni contraportada siquiera. 150 títulos… sin libro.