Estaba sentada en el sofá, con mi portátil, cuando de pronto... ¡tonk! Y luego, tonk y más y más tonks. Los rayos de sol querían entrar por mi ventana, estaban llamando educadamente para pasar. Les abrí, los invité por cordialidad a tomar un café; aunque ellos decidieron no tomar nada, sólo deseaban hacerme compañía (uno pidió Coca Cola Light, pero no me quedaba).Los rayitos se limitaron a acariciarme, a darme calor para escribir y aliviar mi corazón cansado con tibias manos de madre. Y al poco se despidieron. Una nube los tapó y se fueron sin hacer ruido, como es propio de ellos. Les dije adiós agitando mi mano y seguí a lo mío: escribir mi nueva entrada del blog.