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miércoles, 10 de diciembre de 2008

la vida es sueño- el sueño es vida

Ayer soñé que me despertaba, me duchaba, engullía mi desayuno a toda prisa, cogía el metro, luego el cercanías, luego el metro y otro autobús y llegaba a la oficina. Soñé que en el trabajo me enfrentaba a múltiples marrones, hablaba con mis compañeros, tecleaba en el ordenador, entregaba trabajos, uno tras otro, uno tras otro, durante casi diez intermibables horas. Soñé finalmente que salía de allí, iba a la autoescuela y, tras subir en el último bus del día (el 145, para más señas) llegaba a casa. Menos mal que a eso de las 11 de la noche me desperté y pude, por fin, enfrentarme a mis verdaderas obligaciones de la jornada: volar descalza sobre los rascacielos de la ciudad vestida con un simple camisón a rayas y aterrizar en un desierto azul, lleno de relojes suizos derretidos, donde pesqué peces metálicos del color del arcoiris. ¡Lo que se dice un día completito!