martes, 22 de septiembre de 2009

Rostros

Óscar salió a la calle sin rumbo fijo. Necesitaba caras. Los rostros ideales para poner a los personajes del libro que estaba leyendo. Era una costumbre que había adquirido hacía muchos años, cuando aún era un adolescente pegado a los libros: nunca más imaginarse caras indefinidas, sino salir a buscarlas al mundo. Rostros con sus defectos, con sus virtudes, con su realidad, que darían verdadera vida y pasión a las tramas y diálogos. No podía leer un libro sin tener las caras listas. Era de todo punto imposible.

Así que se lanzó en su busca. El mejor lugar para encontrar las caras era el Metro. Óscar lo sabía muy bien. Se metió en la primera boca que vio a su paso, introdujo el ticket por la máquina y empezó su aventura…

¡Ahí mismo, subiendo la escalera mecánica! Ese hombre grande y de gafas redondas sería un perfecto Terry. ¡A por el siguiente! Óscar subió decidido a un vagón, sin éxito; bajó y volvió a subirse al siguiente… ¡Y, helo ahí! Ese joven era Oliver, con sus aires de dandy trasnochado. La búsqueda estaba resultando fructífera.

Ya sólo quedaba la protagonista: Gilliam. Todo un reto, Gilliam. Óscar tuvo que realizar un trasbordo, andar por interminables pasillos, subir escaleras, pasar entre riadas de gente apurada, que desbordaban su paciencia. Pensaba que jamás la encontraría pero finalmente lo logró. En el vagón de la línea 7 estaba sentada Gilliam, con aire despistado, leyendo un grueso y ajado libro de la biblioteca. Era ella, sin duda. Con su lacio pelo castaño y esa inconfundible mancha de pecas en la mejilla derecha. Gilliam, tan frágil, había sido cazada como un pajarillo.

Ahora Óscar ya tenía sus caras y podía leer tranquilo; hasta que un nuevo personaje sin rostro le asolara a la vuelta de una página y le obligara a cazar de nuevo. Gajes del lector apasionado.

9 comentarios:

Señorita Puri dijo...

Bravo! Me ha encantado!

Por cierto, lo que no sabía Óscar es que Gilliam le estaba buscando a él, y el cazado había sido él, por supuesto.

Möbius el Crononauta dijo...

Pues la crónica política está llena de caras...

Saludos

Perla del Turia dijo...

Cuánta verdad en este post, Saroide... Siempre, absolutamente siempre, le pongo cara a mis lecturas. Actores, familiares, amigos, todos son perfectos personajes. Supongo, de hecho, que todos somos susceptibles de serlo, igual en este mismo momento alguien nos está leyendo, ¡vete tú a saber! ;)

BUENAS NOTICIAS dijo...

plas, plas, plas, genial! Bien por Óscar, eso es leer con conciencia...

saroide dijo...

_Srta.: que te guste es todo un cumplido :). Y bueno, ya sabes que el cazador a veces es cazado; y en ese momento, la historia cobra mayor interés...

_Möbius: ¡¡y que lo digas!! Es que no les puedo ni ver... la cara.

_Perla: a mí a veces me pasa, tengo que rellenar un rostro que no me convence en mi imaginación y hago como tú y Óscar. Y es verdad, ¡a nosotras nos pueden estar leyendo en este mismo momento!

_Buenas Noticias: jajajajaja, si se hace se hace bien, ¿no?

Rembrandt dijo...

Siiiii Sara , es casi inevitable , tratar de ponerle un rostro a los personajes de lo que leemos y que mejor lugar que los transportes públicos???

Besotes amiga.
REM

saroide dijo...

_Rembrandt: ¡Total! El transporte público es un catálogo de rostros. Como siempre, encantada de tu visita :)

Carlos Fox dijo...

Toma chiquilla y disfruta

saroide dijo...

_Carlos Fox: ¡nontiendo! Pero gracias por el vídeo jajjajaja :P