Se tumbó en el diván, temblaba de arriba abajo. El doctor le animó a tranquilizarse; y el excitado paciente, ya en confianza, le expuso su problema. Tenía estrés. ¿Las causas? Un exceso de responsabilidad y la presión de todos los habitantes del planeta esperando algo bueno de él: la resolución de los conflictos, el fin de la crisis económica, soluciones para el cambio climático, inclusive el logro de sus propósitos personales...Según contaba todo esto, el paciente iba poniéndose más y más histérico, con los ojos grandes como dos enormes ceros, para echarse a llorar a continuación. El doctor, sobrepasado, le dijo que era normal, que no tenía que martirizarse, que en ese momento era mejor llorar y echarlo todo. Y le despidió con una palmadita en la espalda, contento por no estar en su lugar: ¿quién querría ser el aterrado, el angustiado año 2010?