La casa de Akashi parecía el típico apartamento de Tokio: diminuto, abigarrado, de techos bajísimos. Por eso, cuando recibió el ascenso de la compañía, nadie entendía que no quisiera cambiar a un apartamento mejor.Pero es que sólo él sabía que el viejo póster del monte Fuji de su habitación/cocina/comedor conducía realmente al monte Fuji. Era la casa más espaciosa del mundo; y con un alquiler de lo más razonable.