martes, 18 de mayo de 2010

Modas

Ignacio C. era un fotógrafo de tendencias: captaba las más rutilantes tendencias mentales y las ponía de moda. Si algo salía en su blog, inmediatamente todas las muchachitas y los jóvenes preocupados por su imagen intelectual deseaban tenerlo en sus cerebros. Así fuera una dialéctica impresionante o una oratoria sublime, cuanto aparecía en sus instantáneas se convertía al momento en objeto de deseo y en blanco para los imitadores.

Precisamente esos, los imitadores, eran los peores de cuantos admiraban su trabajo. Gente de pose, de gruesas gafas -de un grosor obsceno-, de afectados gestos, que trataban de emular sin éxito un enfoque atrevido, una original línea de pensamiento, sin saber llevarla.

¡He echado a volar!

No, no dejo el blog; aunque si sigo sin poder darle vida, me lo tendré que plantear más adelante :(… Es que me hecho pájaro, o mejor dicho, una pájara de cuidado. Bueno, no me ando más por las ramas (lo de pájaro se me ha subido a la cabeza):

Que he abierto un perfil en Twitter, por si queréis que nos sigamos en esa red.

Me da alas escribir esas pequeñas reflexiones de 140 caracteres y, por supuesto, me encantaría compartirlas con vosotros.

Mi perfil, aquí.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Sonrisa

No ha sido un día cualquiera. Ha sido un día de mierda. De esos en los que todo se junta, y que no parecen tener final....

Pero todos lo tienen. A veces hasta bueno.

Y hoy, el punto final lo ha puesto una sonrisa. La que me ha sacado un hombre que pedía en el tren, en mi viaje de camino a casa.

Cuando llegué al andén, lo encontré inquieto, esperando la llegada del convoy. Un hombre que va a pedir; me dije, sin más, y seguí con mi libro. El tren no tardó demasiado. Y justo antes de entrar en él, vi cómo aquel hombre se miraba en el cristal de la puerta, se atusaba el pelo y aclaraba su voz. Su singular ritual de preparación para el discurso, captó mi atención...

Al subir al vagón, nos cruzamos y me dijo "Perdón, señora", aunque una fugaz mirada a mi rostro le sirvió para corregirlo con un "...¡señorita!". Ante tal rapidez de refrejos, le sonreí. Y él me dijo: "Gracias por esa sonrisa". En ese momento, se colocó finalmente frente a su somnoliento auditorio y empezó su discurso: sencillo, directo, emotivo. Sin dejar de mirarme de reojo.

Como no podía ser de otra manera, le di el poco suelto que llevaba. Otra sonrisa, esta vez suya. Y una frase de despedida: "Descansa, bonita". Me chocó que mi cara delatara tal agotamiento, y me quedé pensativa aunque aún alegre.

Ya me imagino contándole a alguien: "No veas, con el día tan maravilloso que he tenido hoy, y esa chica de cara cansada del tren me ha dejado, no sé, de bajón" :P

viernes, 30 de abril de 2010

Fuerza

Deseo tener la perseverancia de la mosca común en sus objetivos, la resistencia de las pequeñas flores que, de forma recurrente, crecen en los lugares más hostiles de la ciudad: la fortaleza de los seres menos agraciados de la naturaleza, para conseguir los más bellos sueños.

jueves, 22 de abril de 2010

Llaga molesta

La muchacha estaba realmente molesta con esa dolorosa llaga que le había salido en la boca. Lo que ignoraba, es que la llaga la odiaba a ella todavía más: el infecto ser humano que -estaba convencida-, había crecido a su alrededor, envolviéndola, asfixiándola en un gigantesco mar de carne.

lunes, 29 de marzo de 2010

jueves, 25 de febrero de 2010

¡Viva la excepción!

Hoy voy a hacer una excepción en mi propia (y única, a decir verdad) norma del blog: que las entradas sean de pura ficción u opinión saril :P. ¿Y por qué? Porque merece la pena. Y es que quiero hablaros de la iniciativa de un simpático bloguero, Juan Ceñal, que desde su blog y su programa radiofónico 10 historias, 10 canciones, hace una increíble tarea por la difusión de la música.

Con el hilo conductor de un tema -no de un grupo, género o estilo- Juan nos hace viajar a diferentes mundos en cada programa: sus 10 historias divierten, emocionan, y siempre sorprenden.

Y ahora él me ha pedido para su blog una selección de 10 canciones con las que me siento identificada. Bueno, puede que las haya mejores; pero las he escogido por lo que representan para mí o simplemente porque me hacen sentir bien. Podéis escucharlas aquí, y animaros a enviarle las vuestras (increíble ejercicio de autorreflexión, os lo recomiendo).

miércoles, 24 de febrero de 2010

Francisquito

El gato Francisquito estaba enfadado, su negro cabello erizadísimo. Desde el otro lado del pasillo, observaba a su rival en la oscuridad: ese gato persa (¿o sólo de pelo largo?) que estaba apostado junto a la puerta. No quería competencia en la casa: ¿quién era aquel descarado? ¿Tendría la osadía de querer compartir su cama, comida y arenero?

Poco a poco, Francisquito se iba acercando a él; dispuesto a asestar a su enemigo un golpe certero, un zarpazo letal capaz de alejarle para siempre de sus dominios. Un paso: un poco más cerca. Otro más: Francisquito ya es capaz de atisbar su lanudo perfil. Otro más: ese no sabe lo que le viene encima. Pegado a la pared, avanzando con el sigilo de un ninja, Francisquito estaba a punto de verse las caras con su némesis felina…

Y justo en ese momento, la dueña de Francisquito barrió por fin aquella pelusa gigante de la entrada de la casa. Francisquito se quedó sin enemigo.

jueves, 11 de febrero de 2010

Sol

Luisa suspiró mientras veía el telediario: palestinos e israelíes siempre a la gresca, especies en peligro de extinción, desastres naturales... "Nada nuevo bajo el Sol", se dijo. Y en ese instante, juraría haber oído cómo el Sol exhalaba un pequeño bostezo cansado.

lunes, 1 de febrero de 2010

A.

A Antonio le gustaba tanto esa serie… Tanto le gustaba, que sabía al detalle todos los guiños y gestos de sus protagonistas: el saludo del padre al llegar a casa, el contorneo de caderas de la hija mediana, el chocar de manos del hijo mayor con su vecino, el amigo de toda la vida. Tanto le gustaba que había aprendido a manejarse en aquel entorno familiar lleno de sorpresas y rodeado a la vez de una tranquilizadora y previsible rutina.

Tanto le gustaba aquella serie, que decidió mudarse.

Asombrada, anonadada, su madre pudo ver en el tercer capítulo de la quinta temporada de “Los maravillosos Brown”, la entrada de un nuevo personaje. Aparecía por la puerta un tímido muchacho cargado con un pequeño equipaje. Un joven menudito y blanco al que todos llamarían cariñosamente “A.”, por su pequeño tamaño. El estudiante español de intercambio que llegaba a la vida de la familia Brown… para quedarse.