domingo, 27 de octubre de 2013
Miedo
que mi corazón se hace
ombligo
en medio de la noche
Entonces mis dedos teclean
Buscando a un amigo
Tictictic
Espero...
Llegan las respuestas
Siempre he confiado en la
palabra escrita
(Sobre todo cuando
me ombligo de esta manera)
Consejos
ayuda
caen
por
la
pantalla
Mantras relajantes
tranquilatodoirábientodoestádondetienequeestartúpuedesnena!up!up!up!
Cierro al fin mis ojos
Bajo mi manta
Iconos sonrientes dicen
Hasta mañana
Hasta el siguiente mensaje
Justo en miedo de la noche
martes, 24 de septiembre de 2013
Preguntas viajeras
De la misma manera, cuando nos empeñamos en dirigir una pregunta al pasado, esta se descompone en moléculas, inestables y carentes de sentido, difícilmente reconstruibles en su momento y modo original. Gritas: “¿Por qué, Por qué lo hice?”, “¿Por qué pasó?”, “¿Qué pude hacer para evitarlo?”. Pero tan solo llegan, a la velocidad de la luz, los punzantes pedazos de tu desesperación.
Y si lanzamos nuestras preguntas al futuro, nuestras cuestiones se deshacen en añicos, sordo polvo estelar incapaz de recomponerse, como un jarrón roto, por el ímprobo esfuerzo de viajar a lo que aún no ha sido.
Por eso creo, cada vez más, que solo existe el Aquí y el Ahora. El más corto y hermoso viaje. La estabilidad molecular de nuestras almas.
lunes, 18 de febrero de 2013
Amor nudo
Amor nudo
lunes, 17 de septiembre de 2012
El amor es una mierda
martes, 4 de septiembre de 2012
Frío.
lunes, 5 de marzo de 2012
No-isla (una oda al positivismo)
es una pérdida de horizonte,
una suerte de futuro inacabado,
una falta de azul un tanto absurda.
Una dolorosa contradicción colmada de tierra.
Pero es también la oportunidad otorgada al poseedor de una imaginación vibrante;
para que recuerde que cerca, muy cerca, sigue el lugar donde la arena es besada
por el mar.
Para que escuche dentro de sí el ritmo espumado de las olas
y se deje llevar por los designios de la marea. Como el ser marino que es, y será siempre.
Porque eso nadie te lo impide. Nadie.
Nadie te puede quitar la dicha de vivir en una isla.
Inspirado en Laois (Irlanda). El condado de la Isla Esmeralda más aislado del mar, aunque no su centro geográfico.
lunes, 12 de diciembre de 2011
La técnica
Cuando tantos sentimientos opresivos abruman mi corazón, necesito renovar mis fuerzas. Por eso, he creado una técnica relajante que os invito a probar. Porque esto no es, ni mucho menos, como esos programas en los que dicen “no lo intentes en casa”.
Veréis: primero me acurruco bajo el edredón hecha una bolita. Entonces encuentro mi postura: en posición fetal, muy, muy encogida. Al poco me relajo todavía más. Entonces, me siento flotar en un ambiente que, de pronto, parece tan agradable... es como estar flotando en un denso líquido. Luego, muy lentamente, me convierto en algo cada vez más y más pequeño, hasta ser casi un puntito, aún con vida latiendo en su interior. Entonces, ¡sucede! Desaparezco. Me desnazco. Mi cuerpo inexistente se distancia al fin de todo problema. Sonrío sin sonrisa, sin rostro ni cuerpo, con la amplitud infinita del universo. Y justo en ese instante, empiezo el proceso contrario; creándome poco a poco bajo la sábana, creciendo, creciendo, hasta adoptar mi forma actual: la de una persona de 33 años.
¿Os parece difícil? No os preocupéis, muy pronto dominaréis la técnica. Al fin y al cabo no es tan compleja. Solo hay que desear desaparecer del mundo unos instantes. Y eso, amigos, lo hemos deseado todos alguna vez. ¿O acaso me equivoco?
viernes, 7 de octubre de 2011
Las rebeliones diarias
2011, año de revoluciones. En todo el mundo, millones de personas se han levantado al fin contra los dictadores, contra los bancos y especuladores. Contra todo lo establecido por ley, avaricia, estulticia.Pero hay aún otra revolución. Una rebelión silenciosa, de la que nadie habla. Que no aparece en los telediarios, ni copa las portadas de los periódicos. La revolución interior.
La que, un buen día, te da fuerzas para levantarte contra los implacables policías del Tiempo y gritarles que nunca es tarde para tus sueños. A plantarte en tu plaza frente a los grises y amenazadores tanques de la Rutina. La revolución que te lleva a acampar indefinidamente frente las puertas del Descontento, cantando palabras llenas de valor, que suenan todavía extrañas, trémulas, en tu voz y que sin embargo ya son tuyas. Nada ni nadie te las puede robar. Esa revolución en la que sales a las concurridas calles de tu pensamiento, sin miedo a que tus miedos te apaleen para detenerte, pues te sientes capaz de levantarte de nuevo y mirarles con fiereza. Aquí estoy. No vais a poder conmigo. Nunca más. This is my own revolution. #Vida Real Ya.
martes, 19 de julio de 2011
El cuento de nunca acabar

Érase una vez una escritora con una gran creatividad y un envidiable ímpetu para comenzar proyectos, pero muy poca constancia para terminarlos.
Con mucha entrega, y la máxima disciplina de la que fue capaz, al final de su vida logró escribir 150 títulos maravillosos.
150 títulos sin índice, prefacio, ni capítulos; ni contraportada siquiera. 150 títulos… sin libro.
martes, 5 de julio de 2011
"Leyenda de ingredientes"
Mocachino
Expresso
Leche sola
Machiatto
Con leche
Capuchino
Descafeinado con leche
Descafeinado solo
La máquina de café no tenía nada nuevo que ofrecer. Laura echó los 35 céntimos del Mocachino, el importe exacto, y esperó a que el display le indicara que podía extraer aquel vaso relleno de un líquido amargo, indefinido, sin sabor a café ni a leche, ni a nada en particular. Mientras esperaba, descubrió en el lateral de la máquina un texto que indicaba: “Leyenda de ingredientes”.
Laura, que siempre tuvo una gran fantasía, aunque ahogada por pasar tanto tiempo entre los papeles de la oficina y sus compañeros -no más divertidos, ni con mejor color, que aquellos folios A4- empezó a elucubrar. “Leyenda de ingredientes... Contarán en este texto –pensó- leyendas sobre el origen del café o la curiosa historia de la primera persona capaz de ordeñar la ubre caliente de una vaca y ofrecer a su familia aquella leche alimenticia y reconfortante". Pero no. Al acercarse más al letrero, guiñando los ojos para enfocar, ya que se había olvidado las gafas en la mesa (a sus 33 años sufría una gran miopía), lo que encontró fue una triste suma de ingredientes y sus equivalentes calóricos, especificados para cada producto de la máquina. Tal y como obligaban las leyes de sanidad y seguridad alimentaria.
Tras esta decepción de buena mañana, fue a dar un sorbo a su pseudocafé, que se había quedado helado. “Este café, frío no vale nada” -se dijo. Y prosiguió, con su incesante diálogo interior: “Esta vida fría, no vale nada”.





