jueves, 6 de noviembre de 2008

Las etiquetas de la ropa

Cada vez hacen las etiquetas de ropa más grandes y con más texto. Creo que Inditex se ha propuesto hacerlas en formato “tablas de la ley”. Vienen en tantos idiomas que uno, en plan Pekín Express, podría viajar por el mundo con una etiqueta en la mano a modo de diccionario y hablar en cantonés o en húngaro. O al menos decir en un correcto nipón “planchar en seco”. Y eso puede ser muy útil porque me temo que las tintorerías, aquí y en Sebastopol, son epicentros de la desgracia, la zona cero de un disgusto tonto.

Pero no quiero hablar ahora de las tintorerías, no me tiréis de la lengua, sino de las etiquetas. Y es que tengo serias sospechas de que alguien malo las ha creado. Un Bush del negocio textil. Un ser vil que, entre todos los materiales del mundo, ha elegido el más picajoso e incómodo al contacto con la piel. Quizá estamos ante una cortina de humo, una maniobra de distracción para que, mientras pensamos en rascarnos donde nos raspa la etiqueta, o en el típico “luego la corto, dita sea”, no pensemos en temas de mayor calado. Nadie puede rascarse algo tan molesto y pensar a la vez en la crisis o en el ridículo tamaño de los minipisos o los minisueldos. Uno está a lo suyo, tratando de aliviarse, que bastante tiene. Es una maniobra siniestra y bien concebida. No, pensándolo bien, no puede ser obra de un bush cualquiera sino de una inteligencia superior. Quizá los seres de un planeta perdido en el universo, de una increíble civilización en decadencia, estén tratando de bloquearnos, de anularnos, con etiquetas rasposas que nos tienen todo el día molestos, para venir a invadirnos. Etiquetas en los pijamas que, sin saberlo, no nos dejan dormir a gusto. Etiquetas que no nos dejan pensar tranquilos.

¡¡¡Liberémonos del yugo de las etiquetas!!! Adelante, cojamos una tijera y cortémoslas, una a una. Eso sí, luego no pretendamos que al jersey mal lavado no le salgan bolitas…

2 comentarios:

Señorita Puri dijo...

Yo en la tienda de souvenirs del Museo Arquelógico de Atenas me compré una reproducción de la piedra Rosetta y cotejando los símbolos sumerios y arcanos descifré el misterio. Ahora soy una de las 7 personas en el mundo que pueden leer etiquetas de ropa y espero en breve dar conferencias, y charlas con un pinganillo y micro inalámbricos, y las mangas arremangás, como Tom Cruise en Magnolia, o Aznar en Harvard.

saroide dijo...

jajjaja, salá.